Si bien es fácil argumentar a favor de la afirmación de que toda escritura es política de alguna forma u otra, no menos cierto es que la ucronía, entre las variantes o variedades de la ciencia ficción, ha de ser la más fácilmente pensable como una forma de escritura o narrativa en la que esa cualidad política se piensa como de alguna manera intrínseca.
Quien escribe distopías, por supuesto, está generalmente enfocado o enfocada a especular en la línea de que ciertas pautas negativas del presente pueden resultar en condiciones sociales aún peores, pero el autor o autora de ucronías, más que lidiar con un futuro posible, nos ofrece la idea de que la historia completa hasta nuestros días podría haber sido mucho mejor –o mucho peor– si hubiese cambiado un hecho específico, lo que de manera inevitable pone en evidencia su orientación ideológica o política: así, el autor o autora de ucronías, por decirlo de alguna manera, está desnuda o desnudo con sus convicciones.
Quienes prefieran prescindir de lo panfletario en el arte sin duda estarán más en guardia que otros lectores a la hora de lidiar con esta dimensión de la ucronía. A la vez, en contextos políticos más y más radicalizados o separados en sus extremos, y podríamos pensar que en los últimos años nuestras sociedades se han movido hacia esa configuración, un número creciente de escritores y escritoras parecen dispuestos a adoptar posturas especulativamente «extremas», y si bien nos parece difícil pensar que alguien pueda salirse con la suya publicando una ucronía en la que triunfó la Alemania nazi, tampoco sería sorprendente que desde el auge de la extrema derecha en países como la Argentina de Milei o el Brasil de Bolsonaro esas concebibles ucronías más radicales emerjan, y sus autores se muevan en la escritura hacia afirmaciones tajantes.
El desafío quizá siga siendo la sutileza entendida como valor estético/literario: cómo se las arreglaría un autor o autora que haya especificado para su relato un punto jonbar o de divergencia muy sensible en el contexto de su comunidad –o globalmente– para, alterando o matizando el desarrollo de la historia a contrapelo de lo que damos por sentado no sólo histórica sino política y moralmente, logre proponernos lo que Ursula LeGuin llamó una «utopía ambigua» desde el subtítulo de su (al menos en mi opinión) obra maestra Los desposeídos: un relato en el que simplemente la noción básica de ser capaces de distinguir entre un «tiempo mejor» o un «tiempo peor» resulte difícil de precisar.

Es fácil escribir ucronías en las que el bando republicano no es derrotado en la Guerra Civil española y por tanto la historia subsiguiente del siglo XX incluye a una España a todas luces «mejor»; del mismo modo, es igualmente fácil concebir una historia alternativa en la que todo toma el peor de los caminos imaginables a partir de un hecho específico, y ahí El hombre en el castillo es la referencia ineludible; lo difícil es jugar el juego de los semitonos y las escalas de gris.
Esa sutileza, por llamarla de alguna manera, nos lleva a lidiar con lo que me gusta llamar el «trauma nacional», y que en muchos casos es el punto de partida ideal para empezar a escribir ucronías. En el caso uruguayo, por ejemplo, imaginar una divergencia con la historia «real» que evite la dictadura cívico-militar padecida entre 1973 y 1985, o, por el contrario, que no incluya la modernización del estado llevada a cabo a principios del siglo XX por el entonces presidente José Batlle y Ordóñez, nos conduce de inmediato a exponer nuestras convicciones políticas y a dar rienda suelta a nuestra relación afectiva con la construcción de la nación o la comunidad: a un deseo de otro Uruguay posible, o a un deseo, por el contrario, de aferrarnos a lo que damos por bueno del real, aquello que no querríamos que se nos usurpe en tanto colectividad y que, sin embargo, podemos pensar que está en juego ahora mismo, ante la presencia y la acción de facciones políticas que damos por contrarias.
En ese sentido, la ucronía podrá lidiar con el pasado y su modificación, y por tanto con líneas de tiempo alternativas, pero siempre remite de alguna forma al presente o puede ser leída desde el presente: como diagnóstico, como advertencia, como testimonio de la posibilidad latente de que todo lo que damos por valioso se evapore ante nuestra mirada.
Quizá, en ese sentido, la «sutileza» de la que hablaba más arriba nos lleve a considerar siempre escenarios más complejos: ucronías más sofisticadas, donde la especulación histórica contrafáctica considere más variables, más facetas de los mismos hechos y, por tanto, elaboren no solo una obra estéticamente más bella sino, a la vez, un diagnóstico más lúcido del tiempo que nos tocó vivir.

¿Qué es una ucronía? ¿Cómo se relaciona con las historias alternativas? ¿Qué importancia especial poseen los escenarios, los personajes o la trama en una ucronía? ¿En qué se diferencia una ucronía específica de una difusa? ¿Las ucronías suponen obligatoriamente un tinte político? ¿Qué tipos de ucronías existen?
En este curso, Ramiro Sanchiz hace un recorrido por este subgénero de la ciencia ficción y nos explica su compromiso personal con el tema. Además de iniciar una aproximación a su definición, Sanchiz analiza los límites del subgénero y nos adentra en sus múltiples posibilidades.
Este no es solamente un curso teórico, es también inspirador, pues nos acerca a otras sensibilidades y nos demuestra que las ucronías constituyen todo un desafío y una fuente de reflexión para un escritor.