Sigo mi caótico deambular por todos los cursos y masterclasses de Phantastica y dando mi opinión con la sana intención de que os sirva para anticipar si encontraréis algo interesante o no (ya sabéis que será que sí). Como esta masterclass de Pablo Martín se presentaba como técnicas para potenciar la escritura, ahí fui a ver si era verdad. La premisa era muy atrayente:
¿Pueden los obstáculos autoimpuestos ayudarnos a desarrollar nuestra creatividad?
Sin haber empezado el vídeo, yo ya tenía claro que sí. Cuando empecé a escribir, algunos de los primeros consejos que leí y escuché de diferentes autores tenían que ver con acotar la extensión del relato, que de salida es el más leve pero común de esos obstáculos. Una habilidad muy útil si queréis publicar y la primera limitación «real» a la que solemos enfrentarnos. Yo mismo he escrito relatos con premisas como «debe ser de tono grimdark, pero temas románticos», o «solo tiene que haber diálogo». Este tipo de limitaciones nos obligan a reducir las posibilidades que nos bloquean y a forzar la imaginación. Si tú le dices a un niño que dibuje lo que quiera, a veces se quedará en blanco y te dirá que no sabe qué hacer. Si le pides «un monstruo sobre un castillo», seguramente empiece con más rapidez e incluso ilusión, porque su imaginación estará borboteando. Así que sí, yo creo que ese tipo de limitaciones son importantes. En la masterclass que nos ocupa, Pablo nos habla de imponerse limitaciones mucho más concretas, acudiendo a las matemáticas o a gráficos y esquemas que aparentemente no guardan relación con lo que vas a escribir, pero que están ahí para estimularte.
Pero vamos por partes. Pablo Martín Sánchez es escritor, traductor, profesor de escritura y único miembro español del mítico Oulipo (Obrador o taller de Literatura Potencial, al que han pertenecido autores como Italo Calvino, Marcel Duchamp o Georges Perec). He de decir que no me sentí muy impresionado, porque no conocía Oulipo. La ignorancia disfrazada de estoicismo. Lo cual dice más de mí y de mis escasos conocimientos que de su importancia. Buscad ese taller y descubriréis auténticas joyas. El Oulipo se creó en los años 60 y es un grupo de escritores (y matemáticos), casi todos franceses, que crean sus obras utilizando técnicas de escritura limitada, es decir, usando constricciones autoimpuestas. El Oulipo busca «formas y estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca». Así que los oulipianos son escritores juguetones. Que no os asuste la premisa. Son escritores que usan los números y las fórmulas para divertirse escribiendo. Como yo soy un autor que sufre bastante con el proceso de escritura, todo esto me interesaba.

¿Cómo afrontar la falta de ideas? ¿Cómo evitar el miedo a la página en blanco? Martín Sánchez nos cuenta cómo afrontó la creación de sus obras y cómo trabajó sus estructuras, desde la restricción y el juego, para estimular su creatividad. Ahí van unas cuantas: estructuras combinatorias (como la «contrasixtina» o «trencina», inspirada en la sixtina poética), elementos que caracterizan determinados capítulos o personajes (colores, música, signos de puntuación…) o estructuras basadas en el número pi ,las cuales se convierten en los andamios sobre los que levantar las tramas. Para Martín Sánchez, es la estructura la que crea el libro (no el autor) y es esa estructura la que determina, por ejemplo, cómo dosificar la información que se proporciona al lector. Personalmente, no estoy de acuerdo para nada. Quizá es que me gusta creerme un dios omnipotente y no acepto que una estructura ajena a la historia, por muy matemática que sea, decida por mí la extensión de mis capítulos. Dicho esto, siempre he considerado la estructura como un nigromante y alquimista ve los cadáveres: materiales para hacer su voluntad, ya sea combinando brazos, un hígado por allí, resinas, humores y otras guarradas, y todo eso mezclarlo con esqueletos animales para crear quimeras. Si mi cadavérico constructo no se amolda a lo que deseo, lo deformamos según el momento y que le den a lo planteado. Pero cada maestrillo tiene su librillo, y siempre va bien escuchar a otros.
Pablo Martín Sánchez defiende en esta masterclass que, si bien es la estructura la que levanta la historia, siempre debe ser el lenguaje el que mande y que, al escribir, hay que tener siempre en la mente al lector. Porque el escritor tiene que divertirse, pero eso no significa olvidarse de la trama ni mucho menos del receptor de nuestra obra. Creo que eso a veces conlleva el riesgo de crear un arquetipo mental de tu lector ideal, el cual quizá no existe. Como truco para focalizar la dirección de la escritura puede estar bien. Además, va un poco en contra de la corriente mayoritaria de: «escribe para ti sin preocuparte por los demás», que es muy de artista bohemio maldito, pero a veces conlleva que solo tú querrás leerte. Si te da igual que no te lean, puedes encontrarte con que no te lean…
Pablo es seguidor de la patafísica (la ciencia de las soluciones imaginarias o de lo particular), nos invita a buscar nuevos puntos de vista y a pensar en lo que los demás no piensan, y nos ofrece un montón de referentes y ejemplos concretos, ajenos y propios. Por ejemplo, cuando a veces tienes que sacrificar la verdad histórica porque no resulta verosímil. Parece que a los presos españoles, en las cárceles de Primo de Rivera, les daban sopas Maggi. Pablo introdujo esa curiosidad en esa novela, y sus betas y su editor dudaron y preguntaron por ello. Así que lo quitó. La realidad puede permitirse ser inverosímil, pero la literatura debe serlo, lo cual puede llevar a incongruencias como tener que eliminar hechos reales porque nadie se los cree. Yo hubiera dejado lo de las sopas, y si no me creen, que lo busquen. Y así sería una anécdota de presentaciones.
En resumen, Pablo nos da un montón de consejos, basados en sus experiencias, para evitar la página en blanco añadiendo constricciones. Solo os diré una que me hizo mucha gracia: que la longitud de los capítulos tuviesen relación el número pi. Él lo explica en detalle en esta masterclass. La cosa es que mediante estas técnicas, estas contriciones provocan que el lenguaje hable por ti. De hecho, dice algo casi polémico: «Si se deja llevar por la imaginación, va a ser una novela aburrida». Pero lo mejor de todo es que la conclusión última es: divertíos escribiendo.

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