Como Salitre y Cenizas parece que está gustando, una de mis fantasías recurrentes es que algún día se haga una adaptación a cine o televisión —dejadme en paz, yo sueño a lo grande, si no, ¿qué nos queda?—. Así que es lógico que me interese cómo se llevaría a cabo esa hipotética adaptación.
Esto pasa por el imprescindible paso de convertir la novela en un guion. Y un guion tiene sus propias normas y no es tan fácil como pudiera parecer. “Pero Carlos, si yo he escrito la novela, sabré hacer un guion, ¿no?”. Pues no, porque no tiene nada que ver. Puedes pensar que es la versión reducida y para tontos del libro, y no andarías lejos. ¡No lo digo yo, lo dice Iván! Bueno, igual no con esas palabras, pero sí que dice que con un guion tienen que trabajar un mínimo de ciento cincuenta personas, y no puede ser una historia en la que se pierdan. No tienen por qué sumergirse en la trama como lo haría un lector.
Así que hay que entender qué objetivo debe cumplir un guion, que es uno muy diferente del que persigue un libro. De hecho, un libro no persigue ningún objetivo posterior, simplemente es un medio mediante el cual un artista plasma una visión personal sobre algo, sin que le preocupe lo más mínimo que luego eso evolucione como un pokemon a otro formato. Pero un guion va a ser leído por muchas personas y uno de sus rasgos más importantes es que sea comprensible sin requerir mucha implicación. Así que si quiero que Salitre y Cenizas llegue a mucha gente, debo prestar atención. Como Guillermo del Toro está ocupado, quizá puedo ir trabajando en la adaptación para cuando me lo pida Álex de la Iglesia. Y por ello, este curso es para mí.
Como anécdota personal, yo empecé a leer una novela de Iván hace unos meses. No diré cual. Fue mi primer acercamiento. Cuando llevaba cien páginas, le escribí. Como soy la peor persona del mundo para hacer cumplidos, sin mediar explicación, le dije: “Me está gustando mucho, no se nota nada que eres guionista”. Lo decía como un cumplido. Y esto tiene una explicación: por mi trabajo, he leído a muchos guionistas que han pasado de escribir guiones a probar suerte con la novela. Han pasado de lo “fácil” a los difícil —guionistas que os estáis ofendiendo, notad esas comillas—.
Cuando leo uno de estos manuscritos sin saber nada del autor, a los guionistas los suelo detectar porque acostumbran a cometer los mismos errores: personajes sin apenas mundo interior, sin pensamientos ni introspección. Escenas en las que nos cuesta ver a los personajes porque hay muy pocas acotaciones sobre sus gestos. Suelen ser manuscritos “eficientes”. Y la literatura no necesita ser eficiente. Hay autores muy eficientes, pero la literatura también trabaja los mundos interiores, el alma y las motivaciones. Y eso en los guionistas reconvertidos en escritores suele ser un punto débil común, quizá porque están acostumbrados a que los pensamientos no hace falta explicarlos porque no se ven en pantalla, igual que los gestos de los personajes ya serán cosa de los actores o de quien los dirija.
Volviendo a la anécdota: Iván lo interpretó como un cumplido, porque no necesitó explicación. Y me respondió: “Es que yo fui escritor antes que guionista”. Misterio resuelto.
Ah, casi se me olvida hablaros del profesor que explica estas lecciones, porque asumo que lo conocéis. Pero si no, ahí va. Iván Ledesma lleva desde finales de los años 90 dedicado a la escritura creativa para todo tipo de medios: productoras, televisiones, radios, agencias de eventos y editoriales; aunque desde 2020 se dedica en exclusiva a la creación literaria. Negorith fue su primera incursión en la novela, y con ella ganó el Premio Joaquim Ruyra en 2017. Posteriormente ha escrito libros como 184, Tres días en la calle del ciprés, El rito circular o participado en antologías como Barcelona 2059. Es el guionista de películas como Xtremo, que fue nº1 mundial en junio de 2021 en la plataforma Netflix; o Awareness, de Amazon. Además ha escrito libros infantiles, como las sagas Diario de Dan o Dragonxs, o novelas gráficas para adultos, como La Vampira de Barcelona.
Es también músico y ha compuesto y editado un puñado de discos con diversas bandas con las que ha girado por todo el estado español.
Al margen de estas anécdotas, el curso de Iván es tremendamente directo, sencillo y eficiente, como solo alguien que ha realizado guiones que han acabado en cines y grandes plataformas podría hacerlo. Aunque se centra en la parte artística y literaria, también hay tiempo para hablar de cómo vendérselo y presentarlo a una productora, empezando por saber si queréis adaptarlo como película o serie. En mi caso, creo que será una serie. Aprenderéis cómo y cuándo introducir los puntos de giro para cambiar de dirección la trama. También el uso de diálogos como amigos o enemigos y qué debe aportar una escena, y cómo conseguir un buen conflicto en pantalla.
Esto es una carrera de fondo, y os ayudará a que no os desaniméis, pues hay que armarse de paciencia porque esto va siempre para largo. Para muy largo.

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