En mi desordenado deambular por los diferentes cursos que podéis encontrar en Phantastica.com para daros mi perspectiva sobre para qué son útiles, hoy voy a hablar de uno que a priori no me interesaba nada: Aikido del bloqueo literario.
Va dirigido a cualquiera que escriba, pero la verdad es que los conceptos de bloqueo lector y bloqueo escritoril me son ajenos. Nunca he padecido bloqueo de ningún tipo con este oficio, a ninguno de los dos lados del texto. Como lector, si algo me desagrada, lo abandono sin remordimiento y cojo otro. No juzgo tan duramente una obra como para culparla de que mis ganas de leer mermen. Cada libro es una experiencia por sí misma.
En el caso del bloqueo literario, que parece guardar cierto lejano parecido con el temor a la página en blanco, nunca he sentido esa incapacidad o rechazo a sentarme a escribir. La verdad es que mi truco igual no vale para todos, pero ahí va: odio escribir. Me gusta mucho planificar y preparar la trama, el escenario, el universo; también me encanta haber escrito y tener el fruto en mis manos para poder lanzárselo al mundo. Pero el acto en sí de la escritura es algo que me resulta molesto en el mejor de los casos e insufrible tortura en el peor. Afronto la escritura con la alegría de quien tiene que poner asfalto en agosto en una carretera que atraviese los Monegros.
Por ello, como siempre odio escribir, no me bloqueo. Es algo que sé que tengo que hacer, quiera o no. Es algo que da igual si sale mal, porque tendré un día tras otro para seguir repasando hasta que lo que obtenga me satisfaga. Es la voluntad de un Sísifo masoquista al que dicen: «deja ya la piedra, da igual», pero se niega, porque nadie más puede subir esa piedra exactamente como a él le gusta.
En fin. Cumplido ya este inicio que alivia otro de mis impulsos clásicos, que es el narcisismo, dejo de hablar de mí cuando debería estar hablando del profesor de este curso. Vamos a rendirle pleitesía como se merece. O al menos, como creo que debe ser presentado:
Álvaro Aparicio (Montevideo, 1985), además de escritor prolífico, se presenta como podcaster y gamedev. Es el responsable de Atlas Negro y Códice Nocturno entre otras obras. Es director de los podcasts Vuelo del Cometa y Catábasis, codirector y coordinador del videojuego Night Council Studio, colaborador de Games Tribune Magazine y, además, imparte talleres de escritura. Este 2025, por si fuera poco, ha formado parte de la organización del festival Fantarquía, en Valencia, donde han presentado a autores de la talla de Carlos di Urarte.
Ups. Perdón. Pero es que ha sido así.
También es el autor de A propósito de Lovecraft, Más allá de Lovecraft y Señora de los Caídos, publicadas las tres por ediciones El Transbordador.
Álvaro nos explicará cuáles son las causas y cómo se lía la madeja, a menudo por una auto-exigencia que nos desgasta creativamente. Nos enseñará un método que él llama «copo de nieve», que no voy a explicar, porque, si queréis conocerlo, entrad.
También hay una lección dedicada al ánimo. Al síndrome del impostor, a cositas que pueden ser contraproducentes, como contar palabras. ¿Es útil contar palabras? ¿Nuestra obra necesita un número mínimo de palabras? ¿Cada día hay que escribir determinado número de palabras? Él dice que no. Yo digo que sí. No voy a desarrollarlo mucho, pero yo escribo como quien pone ladrillos. Cuento los ladrillos, termino mi jornada. Ya enluciremos y pintaremos las paredes y decoraremos el interior cuando toque. Es fácil enamorarse de ese proceso final, pero es que hay que poner los malditos ladrillos para llegar a esa parte. Pero claro, ya he dicho que yo no tengo bloqueo escritoril, así que tú verás a quién te conviene escuchar.
Como dice Álvaro que dice Hemingway, el estado natural de un borrador es que sea una basura. Hay que quitarse de encima la presión de escribir «bien» a la primera. Simplemente hay que escribir y a tiempo estaremos de repasar, corregir, matizar o tirar a la basura y volver a empezar. Todo es experiencia. De todo se aprende.
Álvaro dará muchas vueltas y analizará desde todas las perspectivas posibles el porqué se puede dar ese bloqueo. Y si es lo mismo que se produzca al principio que a mitad de novela. Con los finales es muy obvio, pues nos queda la duda de si son buenos, y eso nos puede paralizar. También nos hablará de cómo la documentación puede ser un problema, del simbolismo de los espacios y de la utilidad de los mapas. Y de cómo a veces el enemigo es la procrastinación y la falta de voluntad. En realidad, este es un curso que nos dará las herramientas necesarias para que examinemos qué nos pasa. Para que hagamos un poco de introspección, pero también para que busquemos dónde está fallando el proceso, da igual que seas de mapa o de brújula. Así que cierro citando a Álvaro: «El bloqueo son los padres, simplemente no estamos identificando el problema».

by