Señal y ruido. Signal to noise.
A lo mejor lo has visto por algún vericueto de internet. Está muy en boga ahora en la anglosfera, sobre todo en los círculos que relacionan escritura con ventas, mercadotecnia y comunicación en general.
¿Pero de qué va eso de la proporción de señal y de ruido?
En el sentido comunicativo más básico, podríamos decir que la señal es aquello que comunicamos, el mensaje. Y el ruido sería todo lo que entorpece la recepción del mensaje.
Puedo tener la letra más bonita del mundo para mi canción, pero si la tapo con un instrumento demasiado alto, grabo la música con una calidad baja y con una obra de fondo, de la letra no se va a enterar nadie. Y si lo que más interesa a mi público es la música, aún se puede salvar algo, pero si lo que quiero es que oigan y entiendan mi letra, tengo un problema.
Con el estilo literario (y con cualquier estilo que busca comunicar), esta relación entre señal y ruido es también crucial. Si queremos transmitir que un personaje ha comprado una tele nueva, pero llenamos nuestras frases de adjetivos, subordinadas, perífrasis e hipérbatos en exceso, nuestra lectora se va a quedar en las mismas: ¿qué ha comprado el personaje? ¡Ni idea!
Y si además utilizamos ese exceso de ruido de manera constante, llegará el momento en que la lectora no solo no sepa qué ha comprado el personaje: es que además le va a dar igual, porque no soporta seguir leyendo/comiendo esta ensalada de palabras que le has servido del todo revuelta. En esa ensalada, el aliño no debería tapar el sabor de los ingredientes esenciales, ¿no?
Cierto es que con lo literario nos podemos permitir más aliño que con otros estilos que tienen funciones distintas. No querríamos que nuestro médico en sus informes se pusiera poético —nos podría dar más de un problema—, pero sí esperamos que la literatura nos ofrezca una experiencia estética. El mensaje, al fin y al cabo, no es lo único que buscamos en una lectura.

Por esto, ruido y señal se nos confunden a menudo en nuestros textos y puede ser difícil encontrar la proporción ideal. Por seguir con las comparaciones musicales: esto es un poco como componer. Podemos meter sonidos discordantes e incluso desagradables si en conjunto con otros elementos crean un efecto armonioso (o, por lo menos, interesante).
El problema es que la capacidad de usar elementos discordantes para crear conjuntos armoniosos no es algo con lo que solemos nacer. Hay que saber bastante de teoría musical, generalmente, y tener unos cuantos añitos de práctica, para desarrollar nuestra técnica hasta el punto de que esté a la altura de nuestro instinto y gusto. De eso que algunas personas llaman «talento» (nótense aquí las comillas).
La proporción de ruido y señal en los textos (y cuánto está dispuesto a aceptar quien nos lee) depende de muchos factores. Depende de las tendencias de cada época, depende del género para el que escribimos y puede incluso depender de la edad de quien coge nuestro texto. Por esto es tan importante saber para quién escribimos, en general, y qué expectativas tiene.
Conocer bien la sintaxis y gramática de tu idioma es el primer paso para saber con claridad qué es señal y qué es ruido, qué es mensaje y qué impide que llegue bien el mensaje.
El segundo paso es empezar a formarse en estilo (y de muchos aspectos del estilo hablamos en mi curso).
Creo que nuestro objetivo como escritores es que el conjunto de nuestro texto sea señal, en la medida de lo posible, pero no te asustes. Con eso no quiero decir que todas nuestras frases tengan que ser básicas y no podamos usar ni una pobre comparación.
Porque si utilizamos bien los recursos literarios y aprendemos a dar vida a nuestro estilo, todos nuestros «añadidos» estéticos no crean ruido: lo que hacen es potenciar el mensaje. Forman una parte indisoluble de este. Hasta el punto de que tú y otra persona podéis contar exactamente la misma idea, pero tu lectora no solo entenderá mejor la tuya, sino que la disfrutará más.
La tuya hará que se emocione o que se entretenga o que se evada o que aprenda o que reflexione o que sufra una catarsis personal que la transformará para siempre.
La tuya hará exactamente lo que tú quieres que haga.

¿Qué es el estilo literario? ¿Y cómo se puede mejorar?
En este curso, Gabriella Campbell nos explica qué es el estilo literario, cuáles son sus funciones, cómo puede variar según el tipo de obra que estés escribiendo y, sobre todo, cómo puede mejorarse.
A lo largo del curso, Campbell desgranará trucos para mejorar el estilo, al mismo tiempo que nos hace reflexionar sobre nuestra propia obra.
La simplificación, el uso de los cinco sentidos, las reiteraciones, observar la realidad, las comparaciones, la sintaxis… o los temas principales de tu obra serán algunos de los aspectos sobre los que a lo largo de 10 clases reflexionarás, para mejorar tus textos y adaptarlos al objetivo que tengas en mente.