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¿Por qué me autoedito? Por Sergio Morán

1 de junio de 2023 by Sergio S. Morán

Has optado por la autoedición y esta es tu triste realidad.

Levantas otra caja y la pones donde las demás. ¿Cuántas cajas llevas? No lo sabes, ya no llevas la cuenta. Este libro que estás preparando es el paquete número doscientos treinta según la base de datos. Cada caja tiene doce paquetes. Salvo las que llevan más de un libro, que caben menos. Así que llevas…

Demasiadas cajas. No vas a tener suficientes para todos los paquetes. Aunque si vacías esa de libros y otra de sobres, quizás…

Es uno de esos momentos. El momento en que estás preparando cajas y cajas de libros. Firmando, metiendo todo el material extra que prometiste durante la campaña de crowdfunding, preparando sobres, comprobando direcciones… Ahí te entra la duda.

¿Por qué haces esto?

Tenías una vocación, no una equivocación. Querías ser escritor. Vivir de contar historias. Narrar, enfrentarte tú solo a una página en blanco. No a decenas de cajas que pesan tanto que la espalda te duele cada vez que hueles el cartón. Ya ni te puedes acercar a un contenedor azul sin tener escalofríos.

¿Por qué narices haces esto?

Podías haberlo enviado a una editorial. No lo hacen tan mal. No iban a destrozar tu manuscrito tanto como temías. Y los cambios que te iban a proponer no eran tan difíciles de soportar. Y bueno, no pagan tanto como creías, pero así son las cosas en España. Ninguna lo hace.

Al menos te hubieras ahorrado odiar tu propia novela. Leerla dieciséis veces mientras revisas las revisiones revisadas. Volver a leerla tras la maquetación, comprobando que no quedasen palabras huérfanas. Leerla otra vez en papel. Por si acaso. Llegar a tu gran giro de la trama por decimoctava vez y que te pille tan de sorpresa como encontrarte el portal de tu casa en tu calle.

Libros de Sergio Morán

Al menos, esa frase tan ingeniosa te saca una carcajada cada vez que llegas. Dieciocho carcajadas con el mismo chiste. No está mal.

Observas la caja número equis de libros y ves la portada asomar. No está mal.

Sonríes. La portada fue difícil. Tú tenías tu idea, pero el ilustrador tenía otra. Tuviste que aprender lo importante de confiar en el trabajo de otros. Sabías claramente cómo era la portada de tu libro. Lo sabías antes de acabar de escribirlo. Llevaba años en tu cabeza. Y luego el portadista te envía algo completamente diferente. Y te cuesta. Y lo aceptas. Y te gusta. Y finalmente, apartas tu ego y te das cuenta de que es mejor. Que por eso él es el portadista.

Vuelves a ver la portada y, a pesar de que la has visto pasar por delante de tus narices al menos doscientas treinta veces, te sigue gustando y te llena el pecho de orgullo.

¿Doscientas treinta? Aún tienes mucho trabajo por delante, será mejor continuar, aunque la espalda te está pidiendo un descanso. Cincuenta más y te tomas una pausa para estirar, que tantas horas seguidas no son buenas para la salud.

¿Por qué haces esto?

Preparas el siguiente envío, lo dedicas. Has dedicado ya muchos, pero te esfuerzas en escribirlo con cariño. Para ti es un libro más; para el lector es su ejemplar.

Y ese lector ha confiado en ti, te ha comprado el libro sin leerlo y tú confías en que le vaya a gustar. Ha dedicado tanto cariño en hacerse con el libro como tú en crearlo.

O no. Ha puesto el código postal mal.

Revisas el número, falta una cifra. Buscas la dirección de su casa en Google y compruebas que falta un 0 al final. Corriges la dirección y lo apuntas en la base de datos mientras imprimes otra etiqueta.

¿Por qué haces esto?

Has calculado que, si todo va bien, puedes preparar un paquete cada minuto y medio. Eso son cuarenta paquetes por hora. No es un mal ritmo y no puedes evitar pensar que no salen las cuentas. Llevas ocho horas y doscientos treinta paquetes. No puedes evitar sacar la calculadora y comprobarlo. No salen las cuentas.

Pero claro, cada cinco libros pasa algo. La dirección está mal. El envío está incompleto. Alguien ha tenido problemas con el cobro. Te piden enviarlo en otra fecha. Te piden la dedicatoria a otra persona, pero no dicen a quién. Y claro, tienes que enviar otro correo, contactar con el lector y explicarle qué ha pasado, esperar a que responda mientras pones su pedido con un post it en un montoncito de paquetes aparte con un asterisco en la base de datos. Y todo eso suma, y retrasa, y vas a tardar más en acabar de lo que pensabas.

¿Por qué haces esto?

Vuelves a comprobar el libro doscientos treinta y uno. Ahora la dirección está bien. Lo dedicas con cariño y no te puedes enfadar con él. Tú mismo cometes fallos que tus lectores no dudan en perdonar, porque saben que eres un humano, no un gran sello editorial. Te puedes equivocar al meter un número: lo has hecho varias veces y te han perdonado siempre.

Además, el nombre de la dedicatoria te suena. No es el primer libro que te compra, no es el primer libro que le dedicas. Estás convencido de haberlo visto en persona en algún evento. El vago recuerdo te trae una sonrisa ¿No te trajo galletas a una sesión de firmas? ¿O te invitó a una cerveza? Y te comentó algo sobre lo mucho que le gustaba uno de tus personajes.

Observas la base de datos y lees sus comentarios para el pedido, buscando más información.

“Gracias. Tus libros me han ayudado en un momento difícil. Sigue escribiendo”

Ah, sí. Por eso lo haces.

Banner de Curso de introducción a la autoedición

Sergio Sánchez Morán es uno de los pocos autores que ha conseguido vivir de sus obras autopublicadas. ¿Cómo lo ha hecho? En su curso de Introducción a la autoedición, nos explica el proceso completo a seguir en la autoedición, desde que tenemos el manuscrito listo, hasta su venta y distribución, pasando por la corrección, maquetación, impresión, aspectos legales y presupuestarios, la promoción… Y, sobre todo, el crowdfunding o micromecenazgo, aspecto en el que es un auténtico experto.

Morán también nos hace reflexionar sobre nuestra propia obra: ¿Para qué escribimos? ¿Cuáles son nuestros objetivos? ¿Qué tipo de libros escribimos? Y ¿para quién? La respuesta a todas estas preguntas condiciona tanto la decisión de si debemos autopublicarnos o no, como la estrategia a seguir en nuestro proceso de autopublicación.

Publicado en: escribir literatura Etiquetado como: Aprender a escribir, Autoedición, Sergio Morán

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