Creo que estamos de acuerdo en que toda la ficción que consumimos, sea del formato que sea, puede acabar manifestándose en lo que escribimos. Sobre todo la que nos parece buena, la que enseña algo a ese yo escritor que no deja de analizar cuando leemos. Yo no me enganché a ir al teatro o tuve las primeras intentonas de escribirlo hasta los años de la universidad, así que se puede decir que como autora, en mi caso, la narrativa le saca muchos años de ventaja. Y sin embargo, probablemente sea en el teatro donde saqué las lecciones que más me han servido luego a la hora de encarar la escritura de una novela especialmente complicada.
Creo que lo primero en lo que pensamos es en los diálogos. Recuerdo a mi compañera Inés Galiano decir en una presentación que ver y leer teatro es una de las cosas que más le ha ayudado con sus diálogos, y no puedo estar más de acuerdo. Sin embargo, para mí la gran enseñanza de la dramaturgia es otra. Es la importancia del conflicto.
Personaje A quiere una cosa. Quiere, sobre todo, cambiar la situación preestablecida. Personaje B quiere todo lo contrario. Sus objetivos chocan. Esa es la fórmula básica del conflicto.
¿Qué ocurre con el conflicto en el teatro? En todos los talleres, laboratorios y manuales tanto de dramaturgia como de actuación, se va a repetir una y otra vez la máxima de que el conflicto es lo principal, la base de la obra, aquello que sustenta cada escena (suele haber un conflicto troncal para todo el texto, y luego otros más pequeños que varían en cada escena). Los personajes se mueven en base a sus objetivos, y la trama avanza por el conflicto, de enfrentamiento en enfrentamiento. Sí, es verdad que el teatro tiene muchos siglos de antigüedad, y se ha probado muchas veces a hacer dramaturgias sin conflictos; pero las bases están ahí, y una y otra vez volvemos a la estructura madre.
¿Cómo se toman muchas veces las decisiones en creación teatral? Pensando simplemente en qué alimenta más el conflicto. Qué lo lleva a su extremo. ¿No es eso lo que ocurre en Bodas de Sangre, cuando nos desvelan al comienzo el odio generacional que existe entre las familias del Novio y de Leonardo? ¿Tendría la historia la misma fuerza si fueran dos hombres y dos familias que casi no se conocen?

La pregunta de qué hace crecer más el conflicto se puede utilizar en muchos pasos de la creación, y creo que a los autores de fantasía nos puede resultar muy útil. Es muy fácil, sobre todo cuando estás empezando, ser prisionero del adorado y temido por igual worldbuilding, y muchas veces este es el proceso inicial de nuestra novela o aquel al que dedicamos más tiempo.
Para mí el todo comenzó a cambiar cuando comprendí que en una novela, incluso si hablamos de fantasía épica o de ciencia ficción, lo que más me interesaba seguía siendo el conflicto, y muchas de las decisiones de esa construcción de mundos podía tomarlas siguiendo la misma regla que en el teatro: lo que haga que tu conflicto crezca. De esa manera no encajaría la trama en un mundo que hubiera inventado previamente, sino que construiría el mundo en un segundo plano para que alimentara a la trama y la hiciera mucho más interesante.
Hablo del worldbuilding porque es un aspecto que sí cambió radicalmente para mí, pero es una pregunta que puedes hacerte en muchos procesos de la novela. Los rasgos característicos de los personajes, su pasado, sus deseos y obsesiones. No es ningún secreto que a veces el antagonista somos nosotros mismos, y los conflictos son internos. ¿Qué lo hace más fuerte, más extremo? ¿Qué pone más leña en el fuego? Cuidado, que no estamos hablando de caer en el dramatismo, por mucho que sea una palabra de la misma familia. Estamos hablando de qué mantiene al espectador en su butaca y al lector leyendo. Y eso siempre suele ser algún tipo de lucha.
Alimenta a la bestia. ¿El clima de tu mundo de elfos? Que sea un obstáculo en el viaje del protagonista. ¿Es más interesante que sus hermanos sean amigos o enemigos? ¿La comida en su reino abunda, escasea, o le da alergia? Todo al conflicto. El personaje lo va a pasar mal, las cosas como son. Pero esa es la otra regla del teatro. Lo que nos mantiene en las butacas es el padecimiento de los personajes; incluso en la comedia, donde esos padecimientos son cómicos para el público, son muy reales para los personajes.
Así que prueba a empezar por ahí la próxima vez que quieras escribir algo, lo que sea: un cuento, una novela o un texto teatral. El protagonista quiere cambiar la situación preestablecida, el antagonista quiere impedírselo, surge el conflicto. Ahí ya hay una historia.
La escritura teatral: la acción, el conflicto y la voz de los personajes

En este curso, Alba Quintas nos habla de las características únicas del teatro fantástico, destaca el carácter colectivo del teatro, de cómo construir una historia tan solo a través del conflicto, la acción y la voz de los personajes, nos habla de la diferencia entre espacio dramático y escénico, el uso de los símbolos , el concepto de narraturgia y la estructura teatral.
Todos estos aspectos no solo son útiles a los escritores que quieran iniciarse en el teatro fantástico, sino que también se tratan temas que pueden ayudar a entender la importancia del espacio y de la construcción de personajes por medio de diálogos y acciones en cualquier otro tipo de obra.
Quintas nos recuerda que el teatro está hecho para ser representado y nos invita a dar un paso hacia la escena, escuchar los textos en voz alta y entender que la vida de una obra comienza cuando se comparte con otros.