Somos animales poéticos. Antes incluso que ser reconocidos como personas o como ciudadanos de pleno de derecho. Porque escuchamos poesía desde antes de nacer: las caricias en el vientre de nuestra madre, sus latidos y los nuestros en diálogo… Y cuando nacemos, nos están esperando las nanas para dormir, las canciones de los abuelos, las retahílas…
Con las palabras nos relacionamos con el mundo, lo contamos, lo interpretamos… y también inventamos otros mundos. El juego más apasionante que podemos realizar con ellas es la poesía. Un poema nos permitirá hacer cosas con las palabras que nunca habríamos imaginado. Si la narrativa es su campo de juegos, la poesía es su parque temático. Es el lienzo donde mejor se siente la belleza. Y no hay que temer a la belleza de las palabras sino jugar, cantar, escuchar, interpretar, susurrar, crear con ellas…. Probarlas
(a la manera de los panaderos
Me basta así
cuando prueban el pan;
es decir,
con la boca)
Ángel González
La poesía está en todas partes, pero, sobre todo, en nuestra manera de ver el mundo. Cuando hablamos de mirada poética, esa mirada abarca todas las ventanas a través de las que todos y todas nos asomamos a la realidad que nos rodea. Se trata de una manera de relacionarse con nuestro entorno, la interpretación particular y única de lo que cada persona percibe a través de sus sentidos. Hay poesía en el campo, en los periódicos y en los trenes. Es la manera de mirar la que convierte una escena cotidiana en un poema, la mirada teñida de nuestra experiencia, de nuestro recuerdo, de lo que sentimos en cada momento.
Acudir a la naturaleza, el campo, las flores y los animales para hacer poesía es algo que se ha hecho desde el principio de los tiempos y se sigue haciendo: las oscuras golondrinas, los ríos que van a dar en la mar… Pero a la nevera, la biblioteca, el teléfono móvil o el barrio también se les puede mirar y descubrir con ojos de poeta. Desde esta manera particular de mirar a nuestro alrededor, todos los lugares, infinitos o minúsculos, llenos o vacíos, luminosos u oscuros… teñidos por la memoria y la experiencia, encierran poesía.
La mirada poética, pues, nos lleva a reinterpretar el mundo, a contarlo desde una emoción, una sensación, un sentimiento… a sentir más allá de los sentidos. Nos acerca a aquello a lo que no llegan estos, los retuerce y los lleva a otra dimensión: lo que veo/oigo/huelo manifiesta lo que siento. Y por eso, según sienta, así veré/oleré/oiré.
Mirar al mundo de forma poética es mirarlo de infinitas maneras. Mientras escribo, tengo en mi mano un bolígrafo que, según la RAE, es un “instrumento para escribir que tiene en su interior un tubo de tinta especial y, en la punta, una bolita metálica que gira libremente”.
Pero vamos a mirarlo de diferentes maneras y/o desde diferentes lugares:
Un bolígrafo es un contenedor infinito de historias.
Él puede transformar en versos los latidos de un corazón enamorado y su sangre deja manchas que no se pueden borrar en el papel.
Las palabras que se escriben con él echan raíces y dibujan cicatrices en el cuaderno, no se las lleva el viento.
Es un escultor de palabras.
Es capaz de dibujar el vuelo de los pájaros y de nuestros sueños.
Es un canal que traduce lo que siente el alma y da forma a lo que tenemos en la imaginación.
Es una aguja que cose con hilos de tinta…
Y así podríamos seguir. Es cuestión de hacerse preguntas: ¿Para qué sirve? ¿A qué se parece? ¿Cómo lo usaría un pájaro? ¿Dónde lo guardarías? Podría ser un centinela en tu bolsillo…
Con lo que hemos sacado, tenemos material para componer un pequeño ejercicio poético:
Bolígrafo
Contenedor infinito de historias,
enemigo del viento,
esculpes palabras
que llenan el papel de cicatrices.
Centinela de bolsillo,
cronista del corazón,
tu sangre traduce a versos mis latidos
y echa raíz en el cuaderno.
Canal del alma,
coses vida y deseo
con hilos de tinta
que dibujan el vuelo de los sueños.
Entrenar la mirada poética es poner en marcha un tercer ojo que, sin vergüenza, se atreve a mirar al mundo y puede ver todo lo que nuestros dos ojos no alcanzan a ver, lo que deseemos, imaginemos, soñemos, temamos: a nuestro equipo ganando la Champions; el día de nuestro nacimiento, la tierra debajo de la hierba, el sol por la noche o el mundo gobernado por unicornios.

La poesía como herramienta creativa y forma de entender y hablar con el mundo
En este curso, Javier Fonseca García-Donas pretende acercarnos al mundo de la poesía para, por un lado, desmitificarla y convertirla en una herramienta lúdica con la que poder disfrutar y jugar en nuestros escritos, pero también, para incorporarla en nuestra manera de entender la literatura de manera que mejore nuestro estilo literario, nos inspire y nos permita explorar nuevas fronteras.
Fonseca nos enseña a entrenar nuestra mirada poética de una forma eminentemente práctica con multitud de ejemplos, juegos, herramientas, ejercicios… en un recorrido por los temas claves relacionados con el concepto de poesía.