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Lovecraft recomendado, por Álvaro Aparicio

20 de octubre de 2023 by Álvaro Aparicio

¿Por dónde empezar a leer a Lovecraft? Esta es una propuesta

Recomendar siempre tiene dos caras: la sincera y personal, y la supuestamente objetiva, cronológica y técnica. Como entiendo que esta entrada solo tiene sentido si soy sincero, voy a olvidarme de las grandes máximas lovecraftianas y de las obras celebradas casi por unanimidad. Esto no significa que, de un modo u otro, no lleguemos a destinos similares; pero me siento más cómodo si explico la razón de por qué, para mí, este es el mejor camino para conocer la obra del Maestro de Providence.

Para contextualizar, me remontaré a mis doce años. Librería de viejo. Mi madre, lectora empedernida, quería que yo leyera, cosa que hacía de manera muy intermitente por no entender muy bien qué quería o necesitaba. Al final, en una caja de saldos, encontré un librillo, casi un folletín, cuya portada decía: “La sombra sobre Innsmouth”. Se lo mostré a mi madre y ella accedió de buena gana, advirtiéndome de que no sería una lectura fácil. No sabía a qué se refería.

Esa noche nos quedamos en casa de mis abuelos. Un caserón umbrío de techos altos y humedades que describían formas en las paredes de pintura agrietada. Con el ruido de mi familia de fondo, me tumbé en una cama y, a la luz de una lamparita que radiografiaba motitas de polvo, me embarqué en una de las experiencias literarias más inmersivas que jamás haya vivido.

Sí, la edad ayuda; en contra de lo esperado, la juventud te hace paciente. Que todo parezca nuevo contribuye a tal efecto. No sé si “La sombra sobre Innsmouth” es la obra con la que deberías empezar. Pero es la que me atrapó eternamente en el melodioso oleaje de aquellas costas embrujadas. Esta obra, que además será reeditada por Minotauro con ilustraciones de Tomás Hijo, escapa de lo intangible, de lo tan fantasmagórico que resulta amable, y aterriza en un fango que hiede hasta la sordidez.

La siguiente obra también tiene intrahistoria. En el principio de milenio, la piratería estaba en auge; y el libro digital era un bien preciado para los que teníamos el poder adquisitivo de una rata almizclera. En mi caso, combiné mi reciente pasión por la lectura con un emprendimiento a todas luces ilegal: vender recopilatorios de libros digitales en CDROM. Era joven, tenía la sensibilidad cultural de un coprolito —con que me entretuviera la lectura ya me valía—; y, desde luego, desconocía dónde estaba mi público.

Este desconocimiento me llevó a coger una manta, echarla en el césped de un parque un día de mercadito medieval y esperar a que mi emprendimiento fuera un éxito. Por supuesto, no ocurrió. De hecho, la poca gente que se atrevió a acercarse a las portadas siniestras de los discos me preguntaba de qué bandas de música se trataban. Al tercer día de tenderete decidí abandonar. Eso sí, nada es absolutamente inútil, y de esos recopilatorios digitales saqué gratos recuerdos, como la madrugada que abrí “El modelo de Pickman” solo para comprobar que el fichero no estuviera corrupto.

La atmósfera perturbadora de las calles que Lovecraft describe en este cuento consigue coalescer el gótico tardío con la modernidad decrépita del subsuelo de Boston. Cada esquina de esas afueras urbanas esconde el misterio de un atajo para pactar con el Diablo. Cada palabra que Pickman suelta al aire con la naturalidad del que ha normalizado el infierno está cargada de una densidad malsana. Antes siquiera de que podamos entrar en el radio de proximidad de la gran revelación final, ya sabemos que nos acercamos al punto de inflexión definitivo.

“El modelo de Pickman” rezuma la fobia social de Lovecraft. Describe la marginalidad con la peligrosidad de una favela esotérica, donde los cuchillos de carnicero se dan la mano con pentagramas en las paredes. Al igual que “La sombra sobre Innsmouth”, “El modelo de Pickman” construye el terror a través de su vertiente más materialista. El miedo está en las calles, observando, agazapado, tras cada ventana.

Mi tercera y última recomendación se resume en una noche de tormenta, apagón eléctrico y velas. Las redes sociales existían en una fase larvaria, así que la coexistencia con el silencio y mis pensamientos no era una tortura inefable. Cual señor de mansión entenebrada, caminé hasta mi biblioteca con la feliz intención de leer hasta que regresase la electricidad. Junto a “El Castillo” de Kafka advertí un lomo estrecho de un ejemplar de la colección “Biblioteca Lovecraft” publicada por Editorial Edaf. Con introducción de Alberto Santos, y una ausencia total de prejuicios, tomé asiento cerca de una vela y me embarqué en “El alquimista”.

Quizá no sea el relato más destacado de la bibliografía lovecraftiana. Qué duda cabe: se trata de un texto temprano en su trayectoria; y la ausencia de referencias a los Mitos de Cthulhu lo vulgariza en cierta medida. Sin embargo, el talento natural de Lovecraft para construir atmósferas se exacerba en este cuento, alcanzando la vivacidad propia de un 4K literario. No te lo cuenta: te transporta. Y al igual que “La sombra sobre Innsmouth” y “El modelo de Pickman”, el barro del suelo, de lo cotidiano, es el responsable de pavimentar la trama hacia su trágico final en aquellos lúgubres corredores de castillo abandonado ganado por la hiedra.

Estoy seguro de que esperabas que te recomendase “En las montañas de la locura”. Eso no sucederá en mi guardia. Aunque no entraré a razonar mis motivaciones, más allá del principio esencial de que los datos no son emociones, y la necesidad que tiene el Maestro de Providence de recalcar lo mucho que se ha documentado puede asfixiar a lectores que, como yo, primamos la sensación por encima del parámetro. O que te recomendase “El horror de Dunwich” o “La llamada de Cthulhu”. Pero tampoco. Mi panteón lovecraftiano se compone por su faceta más próxima al conflicto urbano, social. Ese Lovecraft que se acerca a las luces de la ciudad, incluso cuando ya no existe ninguna capaz de funcionar.

No obstante, si algo genera unanimidad es “La dulce Ermengarde”. Es probable que desconozcas la vertiente cómica de Lovecraft; pero la tuvo. Su intención era reírse de los que escribían pastiches románticos en las revistas… y vaya si lo consiguió. El mérito de este cuento estriba en su afiladísima parodia. Como curiosidad, es impagable.

álvaro aparicio lovecraft

En esta masterclass, Álvaro Aparicio nos habla sobre H. P. Lovecraft y analiza los grandes temas que trata y su vigencia en la actualidad

¿Por qué hoy H. P. Lovecraft , un escritor de prosa densa, nacido en el siglo XIX, sigue siendo un autor de referencia en nuestros géneros? ¿Cuáles son los tropos que trata Lovecraft? ¿Cómo nos enfrentamos a esos temas desde la actualidad? Y, como escritores, ¿podemos rescatar algo de su estilo? ¿Y de sus historias?

Álvaro Aparicio, autor de A propósito de Lovecraft, una antología de relatos inspirados en los mundos de H. P. Lovecraft, nos cuenta cómo el mítico escritor de Providence conseguía construir sus atmósferas y cómo él ha conseguido sumergirse en sus obras y en su estilo para escribir.

Publicado en: Terror Etiquetado como: Álvaro Aparicio, H. P. Lovecraft, Lovecraft

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