¿Qué quieres contar? ¿Cómo lo quieres contar? Pero, sobre todo, ¿quién eres como escritor?
Uno de los principales consejos que me hubiese gustado recibir hace más de veinte años, cuando decidí recorrer el camino de las letras, sería el de reflexionar sobre lo que quieres contar, cómo lo quieres contar y la forma en la que te vas a presentar al mundo.
En aquellos locos tiempos creía que la mejor manera de escribir era la de supeditar el estilo, la voz narrativa, a la historia que tenía en mente. Esto, que, a priori, puede parece un ejercicio de humildad, es, en realidad, una demostración de hubris tremenda.
No solo cuesta muchísimo más tratar de diferenciar una de tus obras de otra, en busca de una pretendida originalidad, que puede llegar o no, sino que, a la hora de plantear tu carrera literaria, no hace más que confundir a los lectores que tratan de seguirte.
Está claro que, en ocasiones, esto puede ser necesario, pero lo cierto es que al público, incluso al más fiel, le puede sorprender, y para mal, que cada novela que escribas sea de una manera diferente. Lo normal es que sea muy difícil que te sigan en una trayectoria donde es complicado que mantengas el mismo nivel.
Así que no está de más concretar qué es lo que quieres contar, transmitir, más allá de las líneas narrativas, los escenarios, los personajes; mira dentro de ti y busca qué conceptos básicos subyacen en tus historias. Aíslalas y tenlas siempre en mente, porque son las que pueden ayudarte a forjar un estilo que sea coherente.
A partir de ahí, puede que tengas que promocionar tu obra. Salir a dar la cara y defenderla. Con suerte, incluso en medios de alcance. Sé coherente de nuevo. Recuerda los conceptos, aplica el estilo y canalízalo en la comunicación. Son tres puntos clave que pueden generar una identidad propia y reconocible, tanto en medios como en los lectores.
Quizá un buen ejemplo de esta comunión sea Emilio Bueso, al que podéis ver en su curso sobre escritura aquí en Phantastica, cuya obra tiene una coherencia estilística clara, con unos conceptos también evidentes y que es capaz de traspasar en entrevistas y presentaciones. Es el puño que aprieta el acelerador y el mundo.
Con esto no quiero decir que tengáis que actuar o adoptar poses que os sean ajenas. Dentro de la coherencia, la honestidad es un punto a vuestro favor y siempre va a ser más interesante que os mostréis tal y como sois, siempre y cuando el mensaje que ofrezcáis sea reconocible.
Dicho lo cual, hay que tener en cuenta que nada de esto hace mejor vuestra obra en sí misma. La narración tiene que defenderse ella sola. Está claro que si buscáis la coherencia, todo se hace más fácil, pero el resultado depende de muchos otros factores. La creación de una identidad, de un estilo marcado y recurrente, te ayudará a crear una comunidad de lectores que te reconozca. Si además logras que la obra funcione y guste, irás añadiendo gente a esa base, creciendo, haciendo que hablen de ti y de lo que haces. Y así es como un escritor independiente logra llamar la atención.
Si vas a la librería y reconoces el nombre de Eximeno, de Bueso, de Mories, y eres capaz de comprarlo solo por el apellido, es que el autor ha logrado su cometido al transmitir una identidad propia a la obra, más allá de toda la promoción que se haga en cada lanzamiento. “Es un Bueso” “Es un King” “Es un Connolly”.
Cuando logras llegar a ese momento, es cuando puedes empezar, si quieres, a jugar mucho más con los argumentos, las voces, los giros, los conceptos. Ya los has atrapado. Son tuyos.

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