En la literatura española contemporánea me interesa destacar tres exponentes del terror que parten directamente de la obra de Lovecraft y el horror cósmico para la construcción de sus ficciones.
El horror de la miseria en Extraños eones
El primero de ellos es Emilio Bueso, autor de Castellón y profesor de Phantastica, que realiza una de las deconstrucciones más radicales, desoladoras y salvajes del horror cósmico en la narrativa contemporánea en su novela Extraños Eones —reeditada recientemente en El Club Diógenes, de Valdemar—. La novela reinterpreta los Mitos de Cthulhu trasladándolos a la crudeza de El Cairo en el siglo XXI. Bueso sitúa la acción en los suburbios más deprimentes de la Ciudad de los Muertos y los vertederos de basura. Aquí son los niños de la calle que sobreviven a base de oler pegamento, los huérfanos y los marginados absolutos del sistema, quienes se ven afectados por el verdadero horror cósmico:
Somos una generación que pasa el relevo a otra miserable, desahuciada. No pudimos pagar a los encantadores de serpientes y eso va a convertir el mundo en un cementerio africano habitado por fantasmas de personas. Hemos levantado unas ciudades monstruosas y crueles donde se han terminado los horizontes y se acaban las condiciones, donde nuestros hijos crecerán narcotizados y pasando penurias para sobrevivir, hasta que el caos y la alienación arrasen con ellos. Hemos heredado una tumba, pero en ella ya viven desheredados.1
Al hacer esto, Bueso conecta el horror cósmico que deriva del horror al vacío, de vernos enfrentados con la totalidad de un universo inmenso en el que nuestra pequeña existencia carece de sentido, con la miseria extrema del mundo real, demostrando que para los desposeídos, el fin del mundo no es una amenaza futura, sino una realidad cotidiana.

En la novela, Bueso toma la figura de Nyarlathotep, el Caos Reptante de Lovecraft, y su avatar es un pederasta y traficante de órganos infantiles que opera en los bajos fondos de Egipto. En la mitología lovecraftiana, Nyarlathotep es el mensajero de los Dioses Exteriores que adopta diversas formas —entre las más conocidas está la de un faraón negro o un hombre de negocios— para engañar a la humanidad.
Con este giro perturbador de una entidad ya de por sí aterradora, el autor demuestra cómo el horror cósmico e indiferente de Lovecraft se manifiesta a través de las peores aberraciones humanas imaginables. Las deidades ya no necesitan geometrías no euclidianas para destrozar la mente del lector, para ello solo tiene que mirar en los estratos más bajos de la miseria humana.
Con una estética biopunk y escatológica, el despertar de los Antiguos no se narra con la solemnidad mística propia de las ficciones lovecraftianas, sino como una infección biológica masiva, una invasión de larvas, fluidos corporales, tumores y transformaciones aberrantes de la carne. Los «extraños eones» a los que alude el famoso Necronomicón2 se presentan aquí como la fecha de caducidad de la especie humana, que acabará siendo asimilada y erradicada como si fuera una plaga biológica insignificante por parte de una ecología cósmica superior e indiferente. En Extraños eones, el horror cósmico se manifiesta desde las alcantarillas de la geopolítica, la pobreza y la degradación biológica de nuestro propio planeta.
El horror de las colmenas de El rito circular
Otro de los autores que reinventa el horror cósmico es Iván Ledesma, de Barcelona, que también es profesor de Phantastica. En obras como Negorith (2021) o El rito circular (2022), Ledesma juega con la irrupción de fuerzas arcanas y rituales cíclicos en entornos urbanos reconocibles. En la obra de Ledesma, la cotidianidad de nuestras calles es el escenario perfecto para que el choque de lo inexplicable resulte brutal, revelando que allí actúan voluntades antiguas e indiferentes a nuestra moral.

En El rito circular, por ejemplo, convierte la colmena urbana en un nuevo escenario para el horror. En esta novela, Ledesma fusiona el horror cósmico con el realismo sucio y el relato policíaco, haciendo que las amenazas arcanas invadan la periferia obrera española. Ledesma reconfigura el escenario del horror cósmico de Arkham, situándolo en la cotidianidad gris de los bloques enormes de pisos, las naves industriales abandonadas y los polígonos de la periferia. La claustrofobia lovecraftiana proviene aquí de la monotonía arquitectónica de las colmenas urbanas. Es en estos entornos de cemento y asfalto, donde la gente vive hacinada, pero profundamente aislada, donde irrumpe lo inexplicable. Ledesma clava el ancla de la verosimilitud necesaria para la aceptación de lo fantástico, por medio de una investigación policial, descripciones crudas de la rutina de los agentes y la decadencia de los barrios marginales. El espacio cotidiano se convierte en la obra de Ledesma en un laberinto geométrico que conduce de forma inevitable al horror.3
La idea del «rito circular» evoca directamente el famoso principio lovecraftiano de que el tiempo y la historia son cíclicos, y que la humanidad está condenada a repetir los mismos patrones dictados por fuerzas que no alcanza a comprender. Ledesma entrelaza esta idea con el trauma, el determinismo social y la violencia que hemos heredado. En la novela, las deidades se manifiestan como una corrupción invisible y subterránea que infecta la mente de los personajes y los arrastra a cometer atrocidades de manera matemática y repetitiva.
El horror cósmico aquí se transforma en una metáfora del bucle existencial: la sensación de que las vidas de los personajes de clase trabajadora ya están escritas y atrapadas en un engranaje superior e indiferente a su sufrimiento. La locura del horror cósmico nace de comprender la aterradora e inevitable inmutabilidad de ese rito que lo controla todo y del que no se puede escapar.
A diferencia de Lovecraft, que suele utilizar un único narrador en primera persona, Ledesma usa una perspectiva coral, fragmentada y de ritmo frenético, que refuerza la sensación de que el horror está presente en todos los estratos de la existencia y no solo en una mente que va perdiendo la cordura. La narración salta de un punto de vista a otro (policías, niños del barrio, vecinos de los bloques) en capítulos muy cortos y sintéticos que funcionan como piezas de un rompecabezas. El lector experimenta el horror cósmico como una amenaza colectiva que se filtra a través de los ascensores y las conversaciones cotidianas de toda una comunidad.
La deconstrucción lúdica del horror de Marc Pastor
Por último, destaco la obra de un autor que deconstruye el imaginario lovecraftiano por medio del humor negro, el absurdo y la sátira. Hablo de Marc Pastor (o Víctor Negro), autor de Barcelona, que en su novela El horror de Réquiem (traducido al castellano en 2025) —y en su posterior transposición lúdica, El rol de Réquiem (2024)— se vale del humor cósmico como estrategia de supervivencia frente al horror ante el vacío.

Pastor subvierte el principio de Lovecraft, en el que intentar comprender la vastedad del cosmos conduce de forma inevitable a la locura, introduciendo el humor absurdo de corte satírico, al mejor estilo de Terry Pratchett o Monty Python. El protagonista, Réquiem, es un técnico de autopsias mediocre de Barcelona que encuentra un anillo misterioso en el cadáver de una chica en el puerto: «un anillo que parece un helipuerto para mosquitos».4 Réquiem, junto a sus disfuncionales compañeros de piso —Dalsy, una rider samurái, y Kurosawa, un camello expresidiario—, se enfrenta al horror lovecraftiano
En la novela, Pastor demuestra que ante un universo amoral e indiferente, la mente humana moderna no solo no enloquece, sino que puede responder mediante el cinismo, la risa y la pura incompetencia. La transgresión de los códigos realistas se traduce aquí en un caos cómico —que no cósmico— desmitificador en el que los personajes son tan patéticos que resultan inmunes a la majestuosidad del horror cósmico lovecraftiano.
Tanto en la novela como en el juego de rol que surge a partir de esta, Pastor dinamita el concepto de narrador invisible y omnisciente para jugar abiertamente con las expectativas del lector y del jugador. Mientras que en la novela el narrador omnisciente interviene constantemente para hablar de forma directa con el lector —e incluso se ofrecen tres finales alternativos—, en el juego de rol (El rol de Réquiem) el autor lleva la transgresión de la realidad al plano físico del propio lector-jugador. El manual postula un sistema de roles ocultos donde la regla principal es que las reglas se pueden modificar, retorcer o ignorar sobre la marcha por voluntad del director de juego.
Si el relato fantástico clásico exige mantener un pacto de verosimilitud estricto para que el terror funcione, Pastor invierte ese pacto al exponer los trucos de la literatura y el juego en un ejercicio metaliterario que nos recuerda que las leyes de la ficción son estructuras maleables y absurdas creadas por el ser humano para intentar imponer orden en un entorno naturalmente caótico.
En conclusión, gracias a este breve recorrido por la obra de Bueso, Ledesma y Pastor (Víctor Negro), podemos apreciar cómo la narrativa contemporánea española ha desmitificado la solemnidad del horror cósmico lovecraftiano. Ya sea mediante la miseria de Extraños eones, el determinismo coral de las colmenas de El rito circular, o la irreverencia humorística de El horror de Réquiem, los tres autores despojan a los Mitos de su antiguo barniz místico. El panteón cósmico deja de ser un dogma intocable para convertirse en un retrato de las crisis de nuestro tiempo, donde la pérdida de la cordura es la consecuencia lógica de habitar un mundo lleno de miseria, hostil y profundamente violento ante la mirada de dioses indiferentes.
1 Emilo, Bueso, Extraños eones, España, Valdemar, 2024, p. 302.
2 «That is not dead which can eternal lie, and with strange aeons even death may die».
3 Iván, Ledesma, El rito circular, España, Dolmen, 2022.
4 Víctor Negro. El horror de Réquiem, Madrid, Alianza Runas, 2025, p. 27.

Los mitos de Lovecraft cumplen casi un siglo y han evolucionado desde entonces. ¿Cómo reescribirlos hoy desde nuevas sensibilidades?
H. P. Lovecraft y los mitos de Cthulhu se ha convertido hoy en iconos de marketing que a veces reducen el horror cósmico a un simpático pulpito con alas.
Pero detrás de esa imagen hay una tradición literaria que arranca en el Romanticismo y que, casi cien años después de su muerte, sigue viva en autoras y autores que han tomado esos mitos para hablar de racismo, de violencia machista o de mitologías prehispánicas que Lovecraft nunca imaginó.
¿Cómo se pasa de un fantasma victoriano a un dios dormido en el fondo del mar, y cómo se escribe hoy dentro de esa tradición sin repetirla?
En este curso, Loredana Volpe nos explica primero los orígenes en el romanticismo, lo sublime, los precursores que hicieron posible a Lovecraft, y el Círculo «de corresponsales» que construyó los mitos de Cthulhu casi un siglo antes de internet. Después, nos cuenta en qué consiste el horror cósmico y por qué nos atrae lo que debería repugnarnos.
Volpe nos descubre también cómo autoras y autores contemporáneos, desde Victor LaValle a Mariana Enríquez, de Emilio Bueso a Silvia Moreno García, han reescrito el panteón lovecraftiano desde el feminismo, lo queer, el realismo sucio o las mitologías mayas, y cómo ese mismo horror inefable se ha traducido al manga y al cine.
El curso termina desmontando el mito del propio Lovecraft como ermitaño misántropo, descubriendo su descomunal correspondencia.
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