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Espacio exterior, espacio interior

4 de diciembre de 2025 by Gisela Baños

Tras varias décadas de historia de la ciencia ficción en la que la mirada de los escritores había permanecido fija en las estrellas, J. G. Ballard dijo en 1963, en uno de sus artículos más célebres que: «Los mayores desarrollos del futuro inmediato no tendrán lugar en la Luna o en Marte, sino en la Tierra, y es el espacio interior, no el exterior, el que se necesita explorar«.

Y casi lo hizo como una declaración de intenciones, o incluso de guerra, a un tipo de literatura que crecía en popularidad a pasos agigantados, pero que parecía estar dejándose algo muy importante por el camino: al ser humano.

Cuando Johannes Kepler escribió su Somnium, lo que intentaba era imaginar cómo se vería la Tierra desde la Luna si el Sol, y no nuestro planeta, estuviera en el centro de todo el sistema. El protagonista y sus vicisitudes eran más o menos secundarios. Y realmente no es que el Somnium marcara la dirección de lo que, con el tiempo, se acabaría conociendo como ciencia ficción, ya que su influencia fue bastante limitada, pero sí representa muy bien el concepto de «novela de ideas» que comenzó a popularizarse sobre todo desde finales del siglo XIX y que tantas críticas despertó a mediados del XX.

Pero ¿es que acaso podía esperarse otra cosa en aquel contexto? La ciencia ficción, aunque con el tiempo haya ido evolucionando y ampliando sus posibilidades, ha llevado durante décadas sobre sus hombros el peso del discurso de la ciencia. En determinado momento de nuestra historia fue una de las herramientas más poderosas para traducir lo que sucedía en instituciones académicas y laboratorios a un lenguaje que cualquiera pudiera entender, y para soñar.

Como género emergente, aquel tipo de historias simplemente reflejó el vértigo colectivo de un mundo acelerado, en el que, por primera vez, el ritmo de desarrollo científico y tecnológico podía advertirse, y medirse, en el transcurso de una vida humana. La ciencia ficción ni siquiera tenía tiempo para mirarse a sí misma, o a nosotros, los seres humanos, porque estaban sucediendo demasiadas cosas increíbles alrededor, todas al mismo tiempo. Y por eso habla, sobre todo, de ellas, olvidándose en ocasiones de que, detrás de cada insólito adelanto científico y de cada artilugio rocambolesco siempre hay un ser humano. Y eso lo cambia todo. A eso se refería Ballard.

J. G. Ballard
J. G. Ballard

La ciencia ficción no tuvo que preocuparse demasiado por el papel de los individuos y su relación con la tecnología hasta que esta empezó a suponer una amenaza para la propia existencia, ya fuera en forma de ataques nucleares, contaminación, o incluso de nuevos medios de comunicación de masas —la televisión especialmente, en un mundo preinternet— que prometían idiotizarnos. Pero no todo el mundo lo sabe, y el público no especializado pocas veces es consciente de que «ciencia ficción» no es sinónimo de naves espaciales, extraterrestres y viajes en el tiempo. Hay mucho más.

Es innegable que la Edad de Oro —el periodo que transcurrió desde finales de los años treinta hasta la Segunda Guerra Mundial— dejó una huella muy profunda en lo que hoy entendemos por ciencia ficción. Para bien y para mal. Para bien, porque aquellos escritores fueron los primeros en abrir la puerta de este tipo de literatura a un público más amplio y maduro que el que había hasta entonces. Para mal, porque, de alguna manera, la ciencia ficción —que ya de por sí no tenía muy buena fama— quedó etiquetada como una especie de género para nerds. Y eso perdura incluso a día de hoy. Sin embargo, aquella tradición centrada en el ingenio tecnológico y el asombro científico no podía durar mucho más tiempo a medida que el contexto socioeconómico cambió.

La ciencia ficción de los años sesenta, la New Wave, nace como una respuesta y una ruptura que reivindica que la ciencia ficción debía mirar también hacia adentro, hacia la experiencia subjetiva, emocional y psicológica de los individuos en un mundo tecnificado y cada vez más complejo que, señalaban, estaba perdiendo su humanidad en pos del materialismo. La exploración del futuro no podía reducirse a una cuestión tecnológica, porque el rumbo del progreso también lo marcaban nuestros miedos, deseos y traumas. Así que la ciencia ficción pasó de poner la ciencia y la tecnología en el centro del relato, a poner a las personas, y no solo eso, sino que cambió las narrativas directas, simples, de sus predecesores, por otras más cuidadas, elaboradas e incluso experimentales.

Si la Edad de Oro, como dijimos, abrió la puerta de la ciencia ficción a un público cada vez más amplio, la New Wave la cruzó y aprovechó todo su potencial para convertirla en un género respetado. La llevó a la academia y a las estanterías de las librerías con ediciones cuidadas y obras que se infiltraron, cada vez más, en la literatura mainstream, pero sin perder su esencia de escenarios ficticios y asombro ante el mundo.

Aun así, los escritores de ambas épocas cometieron un error: por un lado, pensar que tecnología y seres humanos eran dos entidades separadas; por otro, defender dos puntos de vista que, en realidad, eran uno solo. Persistía la sensación de que había que elegir: o máquinas o personas; o progreso o introspección. Tuvo que llegar una nueva generación de escritores para señalar que esa disyuntiva ni siquiera tenía sentido.

La gran cruz del ciberpunk fue y siempre será una estética tan potente que, casi desde el principio, ocultó lo que se encontraba debajo: una reconciliación. El entendimiento de que ni la tecnología hubiera podido existir sin los seres humanos ni los seres humanos hubiéramos llegado hasta aquí sin la tecnología —y podemos remontarnos al fuego, en este sentido—. El cíborg no es más que una metáfora de esa idea.

Los escritores ciberpunk emergieron en un momento muy concreto de la historia del desarrollo tecnológico, y no tiene tanto que ver con la aparición de los primeros ordenadores como con que, a finales del siglo XX, el futuro nos alcanzó y, no solo eso, era evidente que ya no había marcha atrás. La ciencia ficción dejó de hablar de futuros remotos y empezó a hacerlo, inevitablemente, de un presente que mutaba demasiado rápido, en el que los sueños de la Edad de Oro ya no eran promesas ni las amenazas de la New Wave meras advertencias, sino realidades tangibles que nos estaban transformando.

Así que la ciencia ficción dejó de ser «ciencia ficción» a partir del ciberpunk y, de nuevo, sucedió algo que J. G. Ballard anticipó: «Creo firmemente que solo la ciencia ficción está completamente equipada para convertirse en la literatura del mañana, y que es el único medio con un vocabulario adecuado de ideas y situaciones». El mañana al que se refería entonces es hoy.

Existe un tipo de ciencia ficción que sigue utilizando las viejas fórmulas del siglo veinte, y es poco probable que ese tipo de historias mueran. Pero existe otra que ya no está en las estanterías de literatura de género, que se ha infiltrado en el mainstream y que, en muchos casos, ni siquiera se reconoce a sí misma como ciencia ficción, porque ya no tiene sentido hablar de espacio exterior o espacio interior. Ambos son el mismo, y permea todo a nuestro alrededor.

Curso de Ciencia Ficción de Gisela Baños

El género literario de ciencia ficción: evolución, características, definición

En este curso, Gisela Baños hace un repaso a la historia de la ciencia ficción para poder llegar a una definición que abarque un género literario que tanto ha cambiado y que tanto depende de su contexto histórico.

Baños hablará de los orígenes de la ciencia ficción, de la ciencia ficción en la modernidad, de la edad de oro del género, de la new wave, del cyberpunk… y nos acompañará en su reflexión de hacia dónde se mueve el género hoy, en la actualidad.

Por último, nos proporcionará consejos para escribir ciencia ficción.

En suma, este curso no sólo te proporcionará una idea muy clara de cómo ha evolucionado el género literario de la ciencia ficción, sino que también te hará reflexionar sobre el concepto clave de nóvum en este tipo de literatura y sobre cómo innovar hoy en día en un campo tan complicado como el de la ciencia ficción.

Publicado en: Ciencia ficción Etiquetado como: Ciencia Ficción, Gisela Baños

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