• Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal
  • Saltar al pie de página
Phantastica

Phantastica

  • Acceder
  • Suscribirme
  • Cuenta
  • Cursos

El único indio bueno tiene un corazón de motosierra

3 de enero de 2024 by Phantastica

Entrevista a Stephen Graham Jones

Una entrevista por Susana Vallejo y Sergi Viciana

Stephen Graham Jones parece un tipo duro. Escribe novelas de terror y se rapa el pelo por los lados. Lo que le queda en el centro se lo recoge en una larga coleta blanca. Es alto y fornido. Su presencia impone. Y firma sus libros con el mismo rojo granate de la sangre que chorrea de entre las páginas de sus libros. Sin embargo, en cuanto hablas con él, te das cuenta de que esa risilla nerviosa que a veces deja escapar pertenece a un tipo bueno, un trozo de pan, que ha construido alrededor un muro difícil de atravesar.

Graham Jones publica en España con La Biblioteca de Carfax, una pequeña editorial especializada en terror que acaba de lanzar su último libro, Mi corazón es una motosierra. Anteriormente habían publicado Mestizos, El último indio bueno y La noche de los maniquís. Es La Biblioteca de Carfax quienes han descubierto Graham Jones al público español.

Mi corazón es una motosierra es un homenaje a las películas slasher, o sea, esas un poco gamberras en las que hay muchos muertos, mucha sangre y adolescentes que no siempre actúan de la manera más lógica. Ah, sí: y un asesino. Precisamente, la protagonista, Jade, es una fan de este tipo de películas y por eso, cuando en su pueblo empiezan a aparecer cadáveres, ella es la única que sabe que se enfrenta a un asesino en serie y que está viviendo un slasher y, de alguna manera, es capaz de predecir todo lo que está por ocurrir.

En Mi corazón es una motosierra hay decenas de referencias y homenajes a los slasher. Con esta abundancia de referencias, esta hiperreferencialidad ¿no corres el riesgo de perder lectores?

Hay que mantenerse en un término medio: no puedes aburrir a los que sí conocen los referentes, pero tampoco puedes permitirte perder al resto de lectores por el camino… Simplificando, podemos decir que puedo permitirme escribir un párrafo y que se me pierda un lector durante una pocas líneas, pero eso nunca podré hacerlo durante tres páginas.

Portada de Mi corazón es una motosierra

El cine de terror usa un lenguaje muy diferente al de la literatura…

En las películas es muy fácil asustar y los slasher siguen unas fórmulas muy claras. Pero en literatura es diferente. Tienes que usar otras herramientas. Lo que está claro es que en los dos formatos hasta el final no sabrás quién es el asesino.

Además, en el cine todo suele acabar bien, en alto, como quien dice. Nadie quiere salir deprimido del cine. Y en los libros podemos permitirnos que acabe mal. A mí me gusta que, a veces, mis libros acaben bien y otras, mal. No quiero terminar siempre igual, quiero sorprender a mis lectores.

También te gusta lo metaliterario. Ya en Paleogénesis, tu primer relato, abordas lo meta.

Hasta ahora, nadie me había hablado de mi primer relato [y se nota la ilusión que le hace que lo mencionemos]. En Paleogénesis ya usaba lo meta como herramienta. Es una historia que escribe un personaje como forma de entender su propia historia. Me encanta leer algo metaliterario y también escribirlo. Es una oportunidad para hacer cosas que en una narración convencional no podrías hacer. Y soy muy fan de ficciones como Scream, que es pura metareferencialidad; pero lo mejor es que, además, cuenta una buena historia. Eso es lo más difícil: tener esos dos niveles. El que analiza el relato y el que es, a su vez, un buen relato.

Todo el rato estás hablando del lector. ¿Tienes en mente a tu lector cuando escribes?

Siempre. No quiero aburrirle. Y tengo muy claro que lo que a mí me gusta no tiene por qué gustar al lector. En El único Indio Bueno recorté una parte en la que me emocioné explicando un partido de baloncesto, que a mí me apasiona. Quería narrar el partido entero, pero al final lo dejé en apenas tres puntos. Y en Mi corazón es una Motosierra, el editor me dijo que eliminase gran parte de las páginas del ensayo sobre los slasher. Me dijo que dejara sólo dos páginas. Y tenía razón…

¿Escribes en orden cronológico y luego corriges y amplías o sigues otro método?

Me gusta escribir en orden y acabar el primer esbozo en unas seis semanas. Por supuesto, luego lo cambio todo. Por ejemplo, Mi corazón es una motosierra empieza con un capítulo que originalmente era el tercero o el cuarto, pero enseguida me di cuenta de que si estaba homenajeando a los slasher, ese capítulo debería convertirse en el principio de la historia para que siguiera el esquema de los típicos slashers.

¿Al escribir, sigues un plan predefinido?

No. Me gusta explorar y dejarme llevar por la historia, pero sobre todo por los personajes. Por ejemplo, al principio, Jade no existía, el punto de vista era el de otro personaje que, después, en la versión final, desapareció.

¿Los personajes son importantes para ti o es más importante la trama?

Los personajes son fundamentales. Me gusta crear personajes que no caen bien, pero que tampoco son “malos” todo el rato. Lo más importante es que encajen en la historia.

Hago todo lo posible para huir de los estereotipos. Por ejemplo, el protagonista de El único indio bueno no es bueno ni malo, igual que la mayoría de la gente, que tiene sus momentos buenos y sus momentos malos. Por eso, mis personajes no son especialmente simpáticos. Vaya, que me gustan los personajes problemáticos.

¿Y la cuestión moral? ¿Dónde queda?

Creo que todos llevamos dentro el impulso de hacer las cosas bien. Y el género del horror me permite llevar los personajes al límite y, por ejemplo, presionarlos hasta tener que elegir entre salvar a sus amigos o hacer lo moralmente correcto. Me gusta mucho usar este tipo de presión.

Da la sensación de que escribir es como un juego para ti. Una forma de escapar de la realidad.

En cierto modo. Mientras escribo, escribo. Me olvido de todas las responsabilidades, de lo que hay que pagar y de lo que hay que hacer. También me pasa jugando a baloncesto, pero mientras escribo estoy “trabajando”, así que tengo una buena excusa.

Portada de La noche de los maniquís

Y como escritor de terror, ¿qué te da miedo? ¿Acaso esas responsabilidades?

[Se queda pensando]. Creo que los miedos evolucionan según creces y cambia tu vida. Ahora mismo, mi mayor miedo quizás esté relacionado con un tema medioambiental. Tengo miedo a la falta de agua potable. Vivo en Colorado, en una zona catalogada como desierto, y a veces creo que en 20 años estaremos todos pegándonos tiros por el agua potable. Y no sólo temo por mí, sino también por mis hijos y la vida que les espera.

En tus obras destaca la figura del narrador y el original punto de vista.

Me gusta elegir un punto de vista cercano a los personajes, por eso no me gusta usar un narrador omnisciente. Creo que no existe un narrador neutral y objetivo. Siempre hay un sesgo. Por eso cuando uso un narrador externo, se contamina por la forma de ser, expresarse y de pensar de los personajes.

¿Usas habitualmente betatesters? ¿Lectores que te orientan una vez has terminado tu manuscrito?

Sí, me gusta usar lectores beta. Recurro a amigos y también a ex estudiantes. Me ayudan mucho. Y les estoy muy agradecido. Mi agente también es exeditor y por eso confío mucho en él y en sus consejos, aunque eso no significa que siempre esté de acuerdo. Me gusta ir variando de betas y no usar siempre los mismos, porque me da la sensación de que si siempre uso los mismos, escribiré la misma historia una y otra vez.

En una entrevista decías que querías conquistar al mundo. ¿Qué quieres decir con eso?

No es tanto conquistar el mundo como conseguir ser leído en todo el mundo.

Eres medio indio y medio blanco. En tus historias aparecen indios que no son como los de la ficción tradicional…

No me gusta nada recurrir a las típicas historias en las que los indios son los “buenos” y los blancos, los “malos”. Y también odio cuando veo, sobre todo en el mundo audiovisual, que los indios se convierten en meros personajes función, esos que solo están ahí para explicar, por ejemplo, algo relacionado con la naturaleza.

Tampoco me gusta mostrar solamente el dolor o lo negativo, la opresión del pueblo indio. De alguna manera, mostrar solo ese dolor es una forma de romantizarlo. Y yo no quiero hacer eso.

Tampoco quiero dar lecciones morales desde la superioridad. Me da miedo pensar que yo pueda ser una figura de autoridad. Por eso, me gustan los outsiders, los personajes que se mueven entre fronteras: yo soy medio indio y medio blanco. Quiero investigar lo que queda entre esas fisuras o fronteras.

En Estados Unidos se ha hablado mucho del Indian Renaissance, pero apenas ha llegado a España…

Hace pocos años apenas había un solo autor indio. Ahora hay muchas más posibilidades. En diez años ya veremos cuántos seremos, si realmente habrá sido un “renacimiento” o solo algo puntual. Rebecca Roanhorse nos abrió la puerta a muchos; ella saltó directamente al mercado por encima de lo académico: en vez de preocuparse de conseguir el prestigio de la crítica, buscó llegar a un público masivo, y lo logró. Es una gran escritora y una buena amiga.

Portada de El único indio bueno

Hablando de la literatura de fronteras, tus libros me hacen pensar en el western, que, a fin de cuentas, es la literatura de la frontera por excelencia.

Me encanta que me digas eso. Cuando tenía 11 años, mi tío me dejaba leer tres libros suyos y cuando los acababa, me dejaba elegir de su armario otros tres libros. Todos ellos eran westerns. Así que supongo que sí, estoy muy influido por los westerns. De alguna manera, acabo hablando siempre de la frontera, de lo que está medio aquí, medio allí.

De hecho, mi nuevo proyecto se mueve alrededor del western y es algo parecido a una ucronía, una historia alternativa. Podríamos decir que un western chungo.

En el Festival 42 hablábamos con Mariana Enríquez sobre el nuevo gótico. Los paisajes del terror ya no son las mansiones ni los castillos, sino las ruinas, los viejos barrios. Los no lugares. ¿Las fronteras?

Es una idea muy interesante. Me gusta mucho. Las fronteras actuales son también otras, internas. Como en la película It Follows, con esos barrios en ruinas. Esos lugares abandonados siempre me sugieren historias distópicas.

En una entrevista comentabas lo mucho que te gustó una frase de la película Conan: “¿Acaso quieres vivir para siempre?”. Y es que casi parece el lema que aplicas a tus personajes…

[Se queda pensando] Nunca me lo había planteado, pero tienes mucha razón. Es cierto que me da pena que algunos personajes no vayan a vivir para siempre. Pero es que les llevo al límite…

Me gusta que mis personajes tengan un arco, que evolucionen y cambien. A veces me da la sensación de que hay autores que han construido personajes muy completos y los dejan ahí, en el libro, y ahí se quedan, sin cambiar. El cambio los hace mucho más interesantes. Por ejemplo, en Mi corazón es una motosierra, un personaje que intenta suicidarse al principio, después lucha con todas sus fuerzas por sobrevivir. Me gusta llevar al personaje a su momento más bajo, para verlo evolucionar.

A menudo te mencionan junto a Paul Tremblay y Grady Hendrix, como si formaseis algún tipo de generación.

Los tres somos amigos, pero escribimos cosas totalmente diferentes. Y es que ahora, en el terror, existe mucha variedad. Antes, hace unos años, parecía que solo había dos modelos a seguir, el de Stephen King o el de Clive Barker. Ahora hay algo más que esas dos únicas voces. Hay muchas más posibilidades. Y eso es una gran riqueza.

Creo que no es que en el horror ahora estemos haciendo cosas diferentes y grandes: siempre hemos estado apartados de la “fiesta” y ahora se dan cuenta de cosas que hemos estado haciendo desde siempre y a la gente le resultan nuevas.

Una última pregunta: cada vez que dedicas un libro, lo firmas y tachas tu nombre impreso. ¿Por qué?

Ja, ja, ja… No me gusta verme ahí dos veces. Es como tener un doble, un doppleganger.

Gracias, Stephen.

No, gracias a vosotros. Es la única entrevista que me ha hecho pensar en aspectos literarios. Ha sido la mejor conversación sobre libros en la que he podido participar en mucho tiempo.

De izquierda a derecha: Sergi Viciana, Stephen Graham Jones y Susana Vallejo en la librería Gigamesh.
De izquierda a derecha: Sergi Viciana, Stephen Graham Jones y Susana Vallejo en la librería Gigamesh

Publicado en: Entrevista, escribir literatura, Terror Etiquetado como: Aprender a escribir, Entrevista, Stephen Graham Jones, Terror

Footer

Textos legales

  • Aviso legal
  • Política de privacidad
  • Política de Cookies

Phantastica

  • Regala Phantastica
  • Blog
  • Opiniones
  • Más información sobre Phantastica
  • Clases Presenciales
  • Club de lectura
  • Tutorización

Síguenos

  • TikTok
  • Bluesky
  • Instagram
  • Youtube
  • info@phantastica.com

Área alumno

  • Acceder

MASTERCLASS GRATIS

Recibe en tu email una masterclass con todo lo que tienes que saber antes de ponerte a escribir.

"*" señala los campos obligatorios

Consentimiento*
Consentimiento*
  • Acceder
¿Has olvidado la contraseña?
¿Has perdido tu contraseña? Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás por correo electrónico un enlace para crear una nueva contraseña.
body::-webkit-scrollbar { width: 7px; } body::-webkit-scrollbar-track { border-radius: 10px; background: #f0f0f0; } body::-webkit-scrollbar-thumb { border-radius: 50px; background: #dfdbdb }